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El Cielo Rey
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Joven y su dueña. Bartolomé Esteban Murillo

Joven y su dueña, 1670.National Gallery de Washington: Óleo sobre lienzo 127,7 x 106,1 cm.
Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 31 de diciembre de 1617 - Cádiz, 3 de abril de 1682).
Murillo representa un profundo cambio en el gusto de los clientes del arte en la España del siglo XVII. Tras la severidad de naturalistas como Zurbarán, Maíno, el joven Velázquez, etc., Murillo proporciona imágenes bellas, iluminadas con suaves tonos dorados y rostros gentiles. Es el caso de esta pintura, realizada con frescura e ingenuidad. Muestra un tema muy explotado en la pintura española, como es el de la maja asomada a la ventana y acompañada de una mujer mayor. En el caso de Goya serán con frecuencia Celestinas exhibiendo a sus pupilas. En el caso de Murillo, la joven parece una muchacha del pueblo, con grandes ojos llenos de confianza y alegría. La dueña parece divertida por lo que ve en la calle y se tapa el rostro para ocultar la risa. La composición del lienzo es muy acertada: se basa en un ángulo recto acodado en la esquina inferior izquierda del marco. El ángulo está subrayado arquitectónicamente por el alféizar y la contraventana de madera, y así como por los personajes, con la jovencita apoyada y la dueña que se asoma. De este modo, gran parte del cuadro queda absolutamente vacío y la mirada del espectador se ve atrapada por las dos simpáticas figuras femeninas, que destacan contra un fondo oscuro sin iluminación ni referencias espaciales.
Magdalena. José de Ribera (El Españoleto)
JOSE DE RIBERA (EL ESPAÑOLETO). Xátiva (1591) - Nápoles (1652).

Magdalena, 1640-41Óleo sobre lienzo 181 x 195 cm. Museo del Prado.
La imagen de mayor belleza pintada por Ribera es esta Magdalena penitente, que la tradición popular identifica con su hija Lucía, muchacha muy bella de la que se enamoró el hijo natural de Felipe IV, Don Juan José de Austria, cuando fue a Nápoles para sofocar una revuelta en 1647, naciendo una hija de la relación entre ambos. Como en todas las imágenes de penitentes, la escena se desarrolla en una especie de cueva que nos permite ver al fondo un paisaje inspirado en la Escuela veneciana. La composición se inscribe en un triángulo, dentro del clasicismo de Carracci, iluminando un fuerte haz de luz la bella figura. La Magdalena viste un traje azul muy escotado que permite ver su hombro, una especie de tela de arpillera para exculpar sus pecados y un precioso manto rojo. Se apoya sobre dos sillares perfectamente tallados en los que aparece el tarro de los afeites y el cilicio, sus atributos. El pasado de prostitución de la Magdalena se muestra en el hombro al descubierto y en el bote de los afeites con el que también ungió los pies a Cristo. La bella mirada elevada hacia Dios es también un rasgo característico de muchos de los mártires pintados por el Españoleto. Formaba parte de una serie junto a Santa María Egipciaca en la que se contraponía la belleza y la juventud frente a la vejez. San Juan Bautista y San Bartolomé representaban la contraposición en el sexo masculino.
El buen samaritano. Vincent van Gogh (según Delacroix)
Vincent van Gogh 1853-1890
El buen samaritano (según Delacroix). Auvers, mayo de 1890. Óleo sobre lienzo, 73 x 60 cm. Otterlo, Rijksmuseum Kröller-Müller
Delacroix representaba para Van Gogh el santo patrón de su propia pintura y el fundador de la teoría del color. La sobria riqueza cromática de este cuadro nos recuerda al gran modelo. Los tonos más intensos, los característicos rojos y azules de Delacroix, están dispuestos en un ambiente de matices más neutros, tostados, hábilmente combinados entre sí mediante una graduación de intervalos de calor y frío, oscuridad y claridad. Al ritmo original del dibujo dinámico de Delacroix, van Gogh le añade una serie de pinceladas paralelas. Las formas arabescas y las curvas retorcidas del modelo se transforman en líneas quebradas; se trata, pues, de una ferviente traducción de la obra antigua al lenguaje pictórico «moderno». «Quisiera pintar cuadros que dentro de cien años aparezcan como una revelación. Pero no me gustaría conseguirlo con fidelidad fotográfica, sino a través de mi manera apasionada de ver las cosas, con ayuda de nuestros conocimientos y de nuestro gusto actual del color como medio de expresión y de profundización del carácter.» VINCENT VAN GOGH.
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